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VICTOR DI SANTO

Fue ante todo y frente a todos; ¡poeta!. Su recuerdo en la memoria popular, a casi un siglo de su muerte, permanece inalterable a través de sus versos simples y emotivos, en tanto su vida delictiva y sus andanzas en el submundo del hampa, subyace en las entrañas de la mitología porteña, tan proclive en crear personajes y hacer de éstos una leyenda.

e la vida real de Andrés Cepeda, nada se sabe, todo es ficción, fantasía, tradición oral y novelería. Nadie se ocupó de indagar sobre su pasado, ni verificar algunos hechos que se le atribuyen, fue más sencillo copiar lo escrito y repetir lo dicho, que investigar. Extraño y repetido método de algunos escribas que se dedicaron a historiar el pasado de la benemérita ciudad de Buenos Aires.

Al ocuparnos de este trabajo tuvimos la desafortunada ocurrencia de consultar la escasa información que existe y el resultado fue deplorable. Entre los papeles que revisamos, apareció un pequeño tomo sobre su vida. Es sorprendente el descaro con que el autor informa, no solo de Cepeda, sino sobre personas, sucesos y lugares, sin conocimiento ni documentación y además, con la seguridad con que afirma cosas de dudosa comprobación, como si fuera una verdad incuestionable. Estas deficiencias que apuntamos, son evidentemente los motivos, de la total ignorancia de dicho folleto.

 

SU VIDA DE MALEANTE

La fecha y el lugar de nacimiento de Cepeda, no están documentados y aunque la mayoría de quienes intentaron una biografía señalan el año 1879 como el de su arribo al mundo, en el transcurso de este trabajo veremos que la misma es errónea y que el año verdadero es 1869.

La primer detención que le registramos es una contravención por portación de armas. Fue detenido junto a otro en la esquina de Belgrano y Caridad por un sargento de la comisaría 28ª, el 1º de abril de 1894, a las 8.30 de la noche y remitido a la Alcaldía 2ª división. En la diligencia policial, consta la siguiente filiación; argentino, de 24 años, soltero, trigueño jornalero, lee.El arma era un cuchillo cabo de madera negro.

La primer causa anotada en la comisaría de investigaciones, tiene fecha 13 de diciembre de 1894 y es por el robo de un reloj de pared, efectuado en el domicilio de Dña. Catalina Bares, calle Rioja Nº 2280, a inmediaciones de la calle Caseros. Su filiación era; argentino, de 25 años, soltero, blanco, pelo castaño, de bigotes ídem, ojos castaños, cigarrero, lee y escribe, domiciliado en Rioja y 92 C.

El 7 de abril de 1895, es detenido en las calles Bulnes y Gorritti, jurisdicción de la comisaría 17ª y remitido al depósito de contraventores acusado de ebriedad y desorden. Su filiación era; argentino, de 25 años, soltero, blanco, cigarrero, lee y escribe. En el procedimiento se le secuestró un cuchillo cabo de madera.

El 10 de junio de ese año hallándose con otros en el almacén de Soria 530, escuchando a un cantor que acompañado de su guitarra entretenía a la reunión, fueron interrumpidos por el vigilante de recorrida que les indicó debían retirarse, puesto que eran pasadas las 12 de la noche. Al abandonar el local se produjo un desorden en la vereda y dos de los parroquianos fueron asaltados y lesionados por cinco personas, entre los que se encontraba Cepeda. Fue detenido y pasado al Departamento Central a disposición del juez de instrucción doctor Narciso Rodríguez Bustamante.

El 22 de julio es detenido por ebriedad y portación de armas, en el interior del almacén de Liniers y Venezuela, secuestrándole un cuchillo. La filiación era; argentino, de 25 años de edad, cigarrero, lee y escribe.

El 10 de noviembre a las 5.30 de la tarde, tuvo un incidente con un sujeto llamado Félix Gallo en las calles Zavaleta y 92, al que lesionó de un puñetazo en el ojo izquierdo al ser agredido con un cuchillo. Fue detenido y acusado de lesiones. En la indagatoria declaró ser argentino, de 26 años de edad, soltero, cigarrero y domiciliarse en Deán Funes 989.

El 3 de abril de 1896, tiene registrada una entrada por hurto en la comisaría de investigaciones, causa en la que fue sobreseido por el juez en lo correccional doctor Francisco Astigueta, en despacho del 23 de mayo de 1896.

En la noche del 20 de julio de ese año, Cepeda en compañía de tres sujetos más, ingresaron al almacén de Independencia y Castro Barros, en cuya trastienda había una decena de individuos bebiendo. De manera decidida y sin mediar palabras, Cepeda se dirigió a varios de ellos y los agredió verbalmente. Uno de los agredidos tomó un banco y se lo arrojó a Cepeda. Lo que sucedió después fue indescriptible. Tiros, puñaladas y silletazos, se confundían entre gritos e imprecaciones. Al llegar la policía se produjo un desbande general, encontrando a tres del bando ofendido, con diversas heridas; uno con un hachazo en la cara, otro con las dos manos tajeadas y el más grave con una profunda herida en el vientre. Cepeda que recibió dos balazos en la refriega, logró huir y fue encontrado horas más tarde en su domicilio, Oruro 90, en grave estado. Al ser interrogado se negó a declarar quien había sido su heridor y el lugar donde se había producido el hecho.

Es evidente y así lo supuso el periodismo, que se trató de un arreglo de cuentas entre maleantes, no solo por la forma en que se produjo el acontecimiento, sino porque la mayoría de los involucrados, incluso Cepeda, tenían antecedentes policiales. Además quedó demostrado que nuestro personaje no le gambeteaba al peligro.

El 22 de agosto a las once de la noche fue detenido en la esquina de Europay Soria en estado de ebriedad, por personal de la comisaría 28ª y remitido a la alcaldía 2ª división por no tener el dinero para pagar la multa correspondiente.

E 4 de enero de 1897, como a las once de la noche, Cepeda en compañía de otros penetró al café de San Juan y Alberti, tomándose en acalorada discusión con uno de los parroquianos, a quien aplicó un cachetazo y ante un intento de éste de hacer armas lo hirió de una puñalada, huyendo de inmediato.

Se pidió su captura por orden del día y permaneció prófugo dos meses y medio, hasta la madrugada del 20 de marzo en que intentó asaltar a un transeúnte en las calles Deán Funes y Constitución, donde fue detenido por personal de la comisaría 10ª.

El 4 de mayo a la 1 de la madrugada, participó de una pelea entre varios en la calle Pasco entre Cochabamba y Constitución, por la que fue detenido acusado de lesiones. En esa oportunidad declaró domiciliarse en la calle Saavedra 1170. En octubre de ese año le registramos una detención por ebriedad y portación de armas en jurisdicción de la comisaría 9ª, produciéndose a partir de allí en nuestras anotaciones, un lapso de 18 meses sin ver su nombre.

En el año 1899, la comisaría de investigaciones le registró las siguientes entradas; 26 de abril por sospecha de hurto; 8 de octubre, complicidad de en estafa y 12 de noviembre tentativa de estafa. Por esta última causa fue condenado a 6 meses de arresto.

El 29 de abril de 1900, es nuevamente detenido por estafa y sospechamos que a partir de este hecho comenzaron los problemas para Cepeda. La policía, en razón de los últimos delitos cometidos, eleva en los primeros días de junio, un pedido de informes a la comisaría de investigaciones y ésta comunica: "Este sujeto es conocido por los nombres de Manuel González o Rufino o Rogelio Domínguez y como es un individuo peligroso y carece de bienes ni ocupación alguna, soy de la opinión que debe ser conocido por el personal de la repartición". La nota la firma el comisario Carlos J. Costa y lo sugerido, no es otra cosa que el reconocimiento policial, conocido en años posteriores como el "mangiamiento" y que se efectuaba en la azotea del departamento de policía. En los años que estamos tratando se le llamaba la "yira", pues el preso iba de comisaría en comisaría para ser reconocido por el personal de cada una de ellas. A veces este paseo duraba más de un mes con todos los trastornos e incomodidades que es de suponer.

Al parecer la opinión del comisario de investigaciones, no solo fue tenida en cuenta sino que fue llevada a la práctica, pues a partir de entonces y hasta su muerte, que abarca un período de 10 años, Cepeda era detenido donde se lo hallaba, con el pretexto del reconocimiento; un verdadero vía crucis.

Para no hacer demasiado farragoso este trabajo, omitiremos esas detenciones, pero para que el lector tenga una idea de la arbitrariedad que se cometía, diremos que las obrantes en nuestro poder superan las 30, considerando que son muchas más. Aparte de los nombres mencionados en la nota, usó los de Andrés Romero y Domingo Remigio.

El 19 de marzo de 1901 fue detenido en las esquinas de Cabrera y Bustamante, por empleados de la comisaría 17ª y enviado al departamento acusado de desertor a la ley de enrolamiento. En la indagatoria declaró no haberse enrolado nunca, por causa que la autoridad se lo impedía deteniéndolo siempre. En esa oportunidad su filiación fue la siguiente; argentino, de 31 años de edad, blanco, cigarrero, lee y domiciliado en Saujil 148.

El 17 de enero de 1902, fue detenido en jurisdicción de la comisaría 4ª y remitido a la 28ª que solicitó su captura, acusándolo de amenazas de muerte a un vigilante de aquella sección. En la declaración dijo tener 32 años y domiciliarse en Liniers 348.

El 17 de marzo de 1903 a las 11 de la noche, Cepeda en compañía de 4 personas más, transitaban por la calle Independencia, entre Pozos y Sarandí, al parecer todos con algunas copas de más. De pronto, por causas que se ignoran, se produjo un incidente entre Cepeda y uno de sus acompañantes, llamado Salvador Lavera(a) "Barberito", con quien la cosa venía de antiguo y como se verá tuvo consecuencias posteriores, quienes se tomaron en pelea. En el tumulto, Cepeda se armó de un trozo de varilla de hierro que arrancó del enrejado de uno de los árboles que existían en la vereda y lo golpeó sobre la oreja izquierda derribándolo al suelo, donde continuó golpeándolo, hasta que llegó el agente de facción alertado por los gritos de los combatientes. Fue detenido por personal de la comisaría 28ª, quien en el parte diario al Jefe de policía, informa de un hecho ocurrido en aquella dependencia y que consideramos un dato importante en el trabajo que estamos realizando. Al cambiarse unas ropas en el calabozo y entre las que se devolvían a las personas que las habían traído, se le encontró un trozo de papel escrito en lápiz que decía: "Magdalena, yo creo que me van hacer causa porque lo lastimé al barbero, después te informaré al respecto". Cepeda negó haber escrito ese papel y hasta se mostró sorprendido de cómo pudo aparecer entre sus ropas. Horas más tarde, a un mensajero de la empresa "La Rápida" se le secuestró otro papel escrito también con lápiz y al ser preguntado, declaró que se lo había entregado Cepeda. La esquela en su parte exterior decía: "Magdalena Deuconte, Salcedo 2933"; y en el interior: "Magdalena, entregale al portador mi papeleta porque me la han pedido. Andrés Cepeda Romero". El manuscrito encontrado nos advierte varias cosas, entre ellas, que en el momento de su detención convivía con la nombrada Magdalena y que ésta no fue el amor veinteañero de Cepeda, por cuya culpa tomó por la senda del delito y se aficionó a la bebida. Cepeda contaba entonces 33 años de edad y su vida delictiva hacía una década que había comenzado. Otro dato que hallamos en la nota, es que su apellido materno era Romero.

El 9 de junio de 1904 es detenido en la comisaría 2ª, acusado de agresión sin armas a la autoridad y lesiones, por cuya causa fue remitido al departamento. En la diligencia policial dijo domiciliarse en Europa 1450. En referencia a esta detención, un diario de la Capital Federal informaba que la misma fue por estafar a un vecino del pueblo de Chacabuco, con el cuento del chacarero.

Al año siguiente se produjo una nueva pelea con Salvador Lavera, esta vez a mano armada. El 4 de febrero de 1905 a las cuatro de la tarde, en la calle Viamonte al llegar a Rodríguez Peña, se encontraron Cepeda y "El Barberito", quienes iban caminando en sentido contrario. Verse, insultarse, sacar armas y agredirse, fue un solo acto. Lavera esgrimía una cuchilla y Cepeda un puñal, con los cuales se infirieron diversas heridas. Lavera recibió un corte en la cara de carácter leve, curable en ocho días y Cepeda lesiones graves en ambas manos, en esa oportunidad, fijó su domicilio en Urquiza 2421. En el sumario elevado por la Cámara de Apelaciones, refiriéndose a las heridas de Cepeda dice: "Teniendo en consideración lo manifestado por los doctores Drago y Hernández, quienes informan que las heridas de Cepeda lo imposibilitan para el trabajo y continuarán imposibilitando para todo trabajo manual a causa de los desórdenes funcionales de carácter permanente que han quedado en los dedos pulgar de la mano izquierda y meñique de la derecha".

Es interesante destacar lo declarado por ambos en la indagatoria y que consta en el sumario antedicho: "Lavera y Cepeda niegan ser ellos los heridores, afirmando que ambos son amigos y que el primero sólo intervino en defensa del segundo en el incidente que fue producido por un desconocido, el que de pronto agredió a puñaladas a Cepeda con la cuchilla secuestrada con la que lesionó a éste y a Lavera al intervenir, y que enseguida arrojó la cuchilla y huyó: que Cepeda sacó el cuchillo que se le secuestró para defenderse pero no pudo hacer uso de él porque el desconocido lo desarmó de un hachazo: que Lavera no tenía armas y que no es cierto se le haya secuestrado a él la cuchilla".Puede apreciarse como se defendieron sin delatarse uno al otro, respetando ambos un código no escrito entre la gente del hampa. En Cepeda, esta regla fue una cuestión de honor que jamás transgredió, ni aún moribundo.

Por el hecho que hemos relatado, Lavera fue condenado a siete años de penitenciaría, sentencia que fue apelada y ratificada en todas sus partes por la Excelentísima Cámara de Apelaciones de la Capital y Cepeda a nueve meses de arresto, quedando en libertad el 28 de noviembre de 1905, por estar agotada esa pena con la prisión preventiva.

En el año 1906, Cepeda era objeto de una persecución sistemática por parte de los empleados de la comisaría de investigaciones, quienes al parecer, tenían alguna cuestión personal con él, ya que, al salir en libertad y cruzar de una jurisdicción a la otra, era nuevamente detenido. El 22 de marzo de ese año le comunica al comisario de la seccional 13ª, donde se hallaba preso, que se sentía enfermo. Luego de los trámites burocráticos del caso fue asistido por el médico policial doctor José Mazzini quien lo derivó a la casa de aislamiento. Es por esos días que envía una carta al jefe de policía en la cual daba cuenta de su enfermedad. Un fragmento del texto, sin fecha, fue publicado por un conocido semanario veinte años después: "Esto es terrible, señor jefe y conozco la nobleza de su corazón. Estoy enfermo y como se me niega la asistencia médica, acudo a usted para que se digne siquiera hacerme remitir a un hospital. Soy un ser humano y como tal aprecio mi existencia aunque es tan mísera y triste". Lo patético del reclamo no modificó el tratamiento anterior, ni mejoró su situación.

El 7 setiembre de 1906 asumió como Jefe de la Policía de la Capital el Coronel Ramón L. Falcón. Con fecha 12 de setiembre, Cepeda le envía la siguiente carta: "Respetable señor. Con el respeto que su distinguida persona merece, el que suscribe, se permite molestar la atención de v.s. con estas líneas, las cuales persiguen el sólo fin de manifestar a v.s. lo siguiente. Señor Jefe, cuatro años y meses hace que debido a una disposición, recorro las comisarías del municipio a los efectos del reconocimiento y como comprendo que ya no queda un solo agente o empleado que no este cansado de verme todos los días en los calabozos, vengo humildemente a manifestárselo a v.s. abrigando la esperanza de que tomará en consideración lo conocido que soy y se apiadará de mí, pues como digo, durante el tiempo que menciono, solamente horas logré permanecer libre. Debo hacer presente, que desde que existe esta disposición, sólo unos cuantos desgraciados estamos sujetos a ella, motivo por lo cual sólo servimos de incomodidad en las comisarías, pero como tal vez v.s. ignora esto, me permito hacerlo notar, como también digo, que la mayoría que andamos en (la gira) no estamos en la galería pública, como yo, que sólo pesa sobre mí una condena del juez por tentativa de estafa. Por estas razones y sin discutir los actos de mando, solicito de v.s. se digne ordenar me dejen cumplir mi arresto en el depósito de contraventores, favor que sabré agradecer eternamente, pues como digo, sólo de estorbo sirvo en las comisarías. Dios guarde a Ud. por muchos años. Andrés Cepeda".

Sospechamos que Cepeda habrá pensado que con el nuevo jefe de policía sus quejas serían atendidas o al menos contempladas, pero evidentemente nada de esto sucedió, pues las detenciones en comisarías continuaron como antes.

El 4 de noviembre de ese año a las 3 de la madrugada, es detenido por un vigilante de la comisaría 8ª junto a un cómplice, mientras estaban robando en el domicilio de Victoria 2520, en tanto un tercero logró fugar. Fue remitido al departamento acusado de hurto y declaró domiciliarse en Europa 1450. Esta es la última entrada por delito que le tenemos registrada, ya que todas las detenciones posteriores que le anotamos son por reconocimiento.

Como hemos visto hasta aquí, aparte de la persecución de la que fue objeto en los últimos años, su actividad al margen de la ley, es evidente, contradiciendo una versión de José Razzano, quien en su vejez afirmó que las prisiones sufridas por Cepeda fueron por su ideario anarquista. Loable propósito sin duda, el de querer cubrir con una mentira piadosa el pasado borrascoso de su amigo.

A nuestro entender, el comentario de Razzano no tiene asidero, pues de haber sido así, dicha actividad tendría que constar en algunos de los libros consultados, además de tener el personal de investigaciones, un motivo más contundente para aplicarle el rigor de la ley, que usar el pretexto de ebriedad y portación de armas.

Si la vida de Cepeda fue un misterio, otro tanto ocurrió con su muerte, que se produjo como resultado de un duelo criollo que sostuvo con otro individuo, al parecer también de malos antecedentes.

Aproximadamente a las 5.30 de la mañana del 30 de marzo de 1910, cinco personas, entre ellas Andrés Cepeda, salían del café de "La Loba Chica", México 171/73, propiedad de Rosa Balerio, a quien se la conocía por ese seudónimo y vivía en concubinato con Cesáreo Baneira, también de malos antecedentes.Al llegar a la plazoleta que existía en la calle Paseo Colón, Cepeda y uno de sus acompañantes, que no fue identificado, luego de una discusión se tomaron en pelea armados de cuchillo, mientras los tres restantes, tampoco identificados, observaban. Tras breve lucha, Cepeda caía herido, mientras el resto huía, dos por México hacia el oeste y los otros dos, entre los que iba el heridor, hacia el sector de los diques. Esto fue visto por tres marineros ingleses que pasaban por el lugar y dieron aviso al vigilante de facción en Venezuela y Paseo Colón, llamado Juan Quintana, quien cuando llegó al sitio indicado, encontró a Cepeda tirado en el suelo en medio de un gran charco de sangre, aún con vida y que al preguntarle quien lo había herido no quiso responder a la pregunta, falleciendo minutos después. Al llegar el oficial de servicio, Cepeda estaba de cúbito abdominal, con el brazo izquierdo debajo del cuerpo y oprimiendo en la mano derecha un cuchillo, manchado de sangre. La muerte, según el informe médico expedido por el doctor Carlos de Arenaza, se produjo por una herida cortante en el tercio superior externo del muslo izquierdo, lo que le provocó una grave hemorragia externa.

En el parte policial consta que tenía 40 años, era alto, delgado, trigueño y tenía una cicatriz en el lado izquierdo de la cara; vestía saco negro, chaleco de fantasía color oscuro con pintas verdes, pantalón gris a rayas, zapatos de cuero amarillo y sombrero "Orión" negro. Entre sus pertenencias se hallaron; el citado cuchillo, que era de cabo negro con tres remaches amarillos, hoja de 20 cms. marca "Bianco"; una vaina de cuero negra; una revista literaria; un pañuelo de color lila a cuadros y otro blanco con guardas de color; dos cartas; un portamonedas de cuero colorado con dos pesos m./n.; dos facsímil de billetes de banco; una etiqueta de cigarrillos "La Paz"; una cartera de color marrón conteniendo 0.45 centavos en monedas, una corbata de seda color gris con pintas granates y estaba registrado en Defraudaciones y Estafas con el Nº 635. Hasta aquí, la letra fría del sumario instruido por la comisaría 2ª, única documentación válida encontrada.

El origen de la pelea jamás fue develado oficialmente, ya que ninguno de los intervinientes pudo prestar declaración, ni se detuvo a los testigos del hecho. La versión que circuló por décadas, fue que se trató de un arreglo entre homosexuales, opinión, que si bien nunca fue avalada, tampoco fue desmentida. Sobre este asunto, en un libro publicado hace unos años, su protagonista refiere haber visto en una pelea a cuchillo entre linyeras, tirar insistentemente, de ambas partes, puñaladas a la ingle, y al preguntar la causa, se le respondió que se trataba de homosexuales, quienes tenían por costumbre herirse en esa zona del cuerpo. Vale la pena recordar que las heridas en la región inguinal son de alto riesgo, pues lesionan la arteria y vena femoral, lo que produce una gran hemorragia, que por lo general resultan fatales.

Su matador no fue hallado ni se supo su nombre, aunque la tradición oral diga que tiempo después fue muerto por un amigo de Cepeda, vengando de ese modo su muerte.

Antes de finalizar con esta parte de su vida, acotaremos algunos datos que hemos observado en nuestra investigación.

En primer lugar ha quedado demostrado que el año de su nacimiento fue 1869, no solo por las distintas filiaciones que hemos ido apuntando, sino porque en los dos documentos oficiales que existen, el sumario policial y el certificado de defunción, consta que al fallecer en marzo de 1910, tenía cuarenta años de edad.

Con respecto a quienes fueron sus padres hay coincidencias y desacuerdos. De tres autores consultados, Arturo Arana, Edmundo Montagne y el citado Barrenechea, todos se avienen en cuanto a que Baltasar era el nombre de su padre, aunque el último de ellos le agrega el Froilán. Con referencia a la madre, cada uno da un nombre distinto; Arana dice, Avelina Gómez; Montagne, Avelina López y Barrenechea, Rosalía González Romero. Nosotros creemos que este último era el verdadero apellido materno, pues como hemos visto lo agregaba al Cepeda cuando firmaba.

En cuanto a su amistad con "Noy", tema éste que preocupó a cuantos se interesaron por Cepeda, presumimos que es más leyenda que realidad. En más de un centenar de entradas policiales que tenemos de ambos, jamás los hemos encontrado juntos y si bien esto no indica lo contrario, es un detalle para tener en cuenta. Otra de las versiones de dudosa credibilidad, es la que indica haber estado en presidio. En una de las comunicaciones de la Academia Porteña del Lunfardo, el autor señala con total desparpajo que el 17 de abril de 1904, Cepeda estaba preso en la cárcel nueva, sin dar cita de la fuente informativa. En nuestro archivo consta que fue detenido por la comisaría 2ª y remitido a investigaciones para el reconocimiento, el 15 de marzo de ese año, anotándole otra entrada en la alcaldía 1ª división por portación de armas el 7 de mayo a las 8.50 horas, saliendo en libertad del depósito de contraventores de 24 de noviembre, el día 9 de mayo a las 9 de la noche.

No creemos que en esos 52 días que median entre una detención y otra haya estado en la cárcel pues sólo se alojaban en ella a los delincuentes que debían sufrir condena, y Cepeda, a nuestro entender, nunca estuvo preso en cárcel alguna, sino siempre en comisarías u otras dependencias policiales.

En referencia a los apodos que le endilgaron quienes fabularon sobre su vida, diremos que en una sola oportunidad, en más de 60 entradas, lo hallamos registrado como El Poeta, esto fue el 23 de setiembre de 1909, al ser detenido por la comisaría de investigaciones. Entre los alias adjudicados a Cepeda, figura el de Cantos Tristes; con ese mote fue conocido por varias décadas otro individuo de malos antecedentes llamado Marcelino de la Paulera, quien fue detenido en varias ocasiones junto a Cepeda y era de origen italiano.

Una curiosidad. Todos los domicilios declarados por Cepeda, algunos reales y otros ficticios, estaban situados en jurisdicción de la antigua parroquia de San Cristóbal.

 

SU POESÍA

Quizás este sea el aspecto más sobresaliente de su vida, pero no menos misterioso, ya que no hemos encontrado publicado ningún verso con su firma con anterioridad a marzo de 1910. Si bien es cierto que las revistas criollas que se editaron en la década de 1900 a 1910 son de difícil ubicación, tampoco sabemos en cual de ellas pudo haber colaborado, o si publicó el mentado libro que todos mencionan y que nadie vio. De no ser así cabe una pregunta, ¿Cómo se popularizaron y por que medio se hizo la difusión de sus versos? Esto último es imposible de responder y además no le encontramos una explicación lógica.

En cuanto a la calidad de su poesía, a nuestro juicio, es representativa de su tiempo, en la cual Cepeda canta sus desdichas y se lamenta de su triste destino. Desde esa óptica, se revela la protesta de un hombre que, a pesar suyo, debió transitar por un sendero adverso al de sus anhelos juveniles y que evidentemente no fue el propósito elegido por la intimidad de su espíritu.

Sin dejar de ser populares, algunos de sus versos sobresalen nítidamente del resto, como El Poncho del Olvido y El Pingo del Amor, obras éstas, que muchos poetas áulicos hubieran querido firmarlas.

 

 

Artículo publicado en la Revista CLUB DE TANGO Nro.40    enero-febrero  2000

 

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