EL
CANTOR DEL TANGO
Su evolución en el
tiempo
Ricardo García Blaya
Introducción
El desarrollo histórico del canto en
la música de tango nos devela instantes y circunstancias definidas
que nos permiten comprender me-jor el crecimiento del género y su
dilatada inserción popular.
Es cierto, que el transcurrir del tiempo fue originando distintas
for-mas y estilos en la interpretación, diferentes relacionamientos
entre el vocalista y la orquesta, y muy diver-sos tipos de cantores,
pero esto no se dio de una manera excluyente ni en un estricto orden
cronológico.
Podemos distinguir en nuestra música ciudadana, cuatro categorías de
intérpretes vocales que se dife-rencian por dos motivos esenciales:
la calidad de la participación del cantor en la pieza musical y la
repercusión con el público, más allá de la correspondencia que
haya con la época que le tocó actuar.
En este sentido las cuatro cate-gorías, si bien ocupan su propio
espacio histórico, no pueden ser definidas ni diferenciadas por la
época únicamente ya que coexistie-ron en muchos momentos. Hasta tal
punto que un mismo cantor es-taba en más de una categoría.
Este análisis pretende ilustrar la participación de la voz humana y
su contribución al tango, desde sus co-mienzos hasta la actualidad,
pre-sentando el análisis en cinco capí-tulos, los primeros cuatro
corres-ponden a las categorías antes mencionadas y el último es una
breve referencia a la realidad de nuestros días.
El cantor nacional
El cantor solista de fines de siglo y,
hasta muy avanzados los años treinta, fue el denominado "cantor
nacional". El motivo del nombre se debía a la naturaleza del
repertorio, en general folclórico surero -música característica de
la llanura de la provincia de Buenos Aires- compuesto por cifras,
estilos, zambas, milongas y, que a partir de los primeros años del
siglo veinte incorpora el "tango milongueado" de letras
picarescas y casi siempre anónimas, para llegar por último, un
tiempo más tarde, al "tango-canción" .
Resulta evidente que nuestro "cantor nacional" tiene
un parentesco indiscutible con el payador -pionero en la poesía
musical y criolla- tanto por su repertorio como por el estilo de su
interpretación.
Carlos Gardel fue sin duda no sólo el más grande intérprete del
tango de todos los tiempos sino también el ejemplo más acabado de lo
que significaba un "cantor nacional". En sus
comienzos grabó para el sello Columbia Record, quince grabaciones que
son testimonio de esta etapa donde podemos comprobar un repertorio
folclórico carente de tangos.
Desde
Gardel -allá por 1912- , hasta Hugo del Carril -a fines del treinta-,
todos los grandes solistas del tango pertenecieron a la categoría de "cantor
nacional". Así podemos nombrar a Ignacio Corsini, Agustín
Magaldi, Charlo, Alberto Gómez, Mario Pardo, Agustín Irusta, Roberto
Díaz, etc.
Es cierto que cuando surge "el tango-canción" se modifica
la participación dentro de los repertorios y el tango empieza a
mandar sobre los otros géneros.
Los tríos típicos de la vieja guardia -guitarra, flauta y violín-
al incorporar primero al bandoneón y después al piano, se
transformaron en cuartetos, quintetos y sextetos, que para comunicar
al público que ejecu-taban tangos exclusivamente agregaban al nombre
de sus formaciones dos palabras: "Típica" y "
Criolla", o solamente la primera.
"El cantor nacional", casi siempre acompañado sólo por
guitarras, convivió durante muchos años con estas formaciones
orquestales que hacían el tango en forma instrumental únicamente.
Eran dos carriles que funcionaban en paralelo.
Por un lado los solistas acompañados por pe-queños conjuntos o
simplemente con guitarras, y por el otro las orquestas, generalmente
sextetos que también ejecutaban tangos con letra, pero la melodía la
cantaban los instrumentos, ya sea en solos o en duetos, pero sin
ningún cantor, a lo sumo algún coro de los propios músicos de muy
corta duración.
El estribillista
Es a partir de 1924 y por una idea de
Francisco Canaro, siempre en la búsqueda de incorporar novedades a su
orquesta, que aparece "el cantor estribillista",
antecedente necesario del "cantor de la orquesta" de
los años cuarenta. Es un hecho trascendente, punto de partida de la
segunda parte de esta historia.
Roberto Díaz es el vocalista elegido por Canaro para interpretar
primero, y grabar después, el tango "Así es el mundo",
cuyo autor era su hermano Mario, quedando así inaugurada la
participación del canto en el tango orquestado.
El estribillista tiene una colaboración muy acotada a un pedacito de
la letra y muy humilde, hasta tal punto que en muchos discos ni
siquiera aparecía su nombre en las etiquetas.
Pero no sólo el estribillista estaba relegado a un segundo plano,
también los letristas, que muchas veces no figuraban en las
partituras o, cuando estaban, sus nombres aparecían con letras muy
pequeñas en comparación a las del compositor.
Pero así y todo, la incorporación como es-tribillistas de los
cantantes importantes de la época, como los casos de Antonio
Rodríguez Lesende y Agustín Irusta, fueron consolidando su
posición, y en los años treinta no se concebía una orquesta que no
tuviera por lo menos dos vocalistas.
El estribillista fue ante todo un héroe expuesto a las peores
con-diciones, tenía que imponer la voz humana en un muy breve lapso
de la composición contra la sonoridad de una orquesta que no detenía
su ímpetu cuando este cantaba y, ante el ruido del público de las
confi-terías, de por sí ruidosas y carentes de micrófonos, debía
utilizar para defenderse, pequeñas bocinas o megáfonos.
Canaro también fue propulsor de los dúos vocales, al incorporar un
segundo cantante a su orquesta.
En 1927 el dúo Agustín Irusta y Roberto Fugazot ganan el cuarto
concurso del Disco Nacional, con el tango "Noche de
reyes", de Pedro Maffia y letra de Emilio Curi y, en el mismo
año, graban "Queja indiana" de Juan Rodríguez y
letra de Juan Velich, que ob-tuviera el cuarto lugar en di-cho
concurso.
Osvaldo Fresedo adhiere a la novedad aportada por su co-lega
incorporando a los estri-billistas Juan Carlos Thorry, Ernesto Famá.
Félix Gutiérrez ingresa al sexteto de Julio De Caro, Car-los Dante
es el primer estribillista de la primera formación de Juan D'Arienzo
y Santiago Devin es contratado por el sexteto de Carlos Di Sarli.
Charlo, pese a ser ya famoso como solista, actúa y graba como
estribillista en varias orquestas al mismo tiempo: Canaro, Lomuto y
Cara-belli. En muchos casos, cuando lo hace con Canaro, un mismo tema
lo graba como estribillista y al poco tiempo como solista acompañado
por la orquesta del maestro.
El legendario Juan Maglio "Pacho", uno de los máximos
exponentes del tango de las décadas del diez y del veinte, presenta
al vocalista Carlos Viván, que luego cantara con la Típica Brunswick
y con Pedro Maffia, entre muchas otras.
El
éxito de los estribillistas obliga a las empresas discográficas a
contratar-los como cantores del sello, o dicho con el lenguaje de la
época "cantores de la casa". Esta situación los obliga a
can-tar en todas las orquestas que trabajan en la grabadora.
Teófilo Ibáñez, que empezó con Fir-po, en 1928, al ser contratado
por la Víctor, grabó simultáneamente con Os-valdo Fresedo, Ricardo
Luis Brignolo y la Típica Víctor, para nombrar algunas.
El caso de Luis Díaz es más que elocuente, ya que grabó en casi
todas las orquestas del período.
Por la Orquesta Típica Víctor des-filaron entre el año 1929 y 1935:
Ernesto Famá, Jaime Moreno, Alberto Gómez, Augusto Vila, Carlos
Lafuente, Teófilo Ibáñez, Vicente Crisera, Samuel Aguayo, Francisco
Fiorentino, Dorita Davis, Príncipe Azul, Charlo, Fernando Díaz,
Héctor Palacios, Luis Díaz, etc.
En diciembre de 1931 ingresa Roberto Ray a la orquesta de Fresedo,
convirtiéndose en la voz emblemática de dicha formación.
El pionero de los estribillistas, Roberto Díaz, luego de su paso por
Canaro, estuvo con las orquestas de Cayetano Puglisi, Carlos Marcucci
y Luis Petrucelli, en esta última junto con los hermanos cantores
Juan y Pedro Lauga.
El gran bandoneonista Pedro Maffia contó con los aportes de los
cantores Roberto Maida, Francisco Fiorentino, Raúl Cisca y Pedro
Lauga.
Y hasta el gran Agustín Magaldi intervino como estribillista en
varias oportunidades en las orquestas de Osvaldo Fresedo,
Donato-Zerrillo y Ricardo Luis Brignolo.
Poco a poco la figura del estribillista fue creciendo, no sólo en lo
artístico sino en lo económico, y en esto también tuvo su
influencia Francisco Canaro quien, aparte de ser director musical, era
un im-portante empresario teatral, cuya especialidad eran las comedias
musicales.
El cantor y la orquesta comenzaron a compartir los elencos y las
marquesinas. El estribillista crecía en sus intervenciones haciendo
alguna parte más de la letra y, algunas veces, la letra entera.
Un ejemplo de esto fue la obra "La muchachada del
centro", estrenada en 1932, del propio Canaro e Ivo
Pelay, donde el estribillista Ernesto Famá obtuvo un éxito
inusitado.

Otros reconocidos estribillistas
fueron: Carlos Varela, Antonio Buglione, Juan Carlos Delson, Luis
Scalon, Nicolás Gianastasio, Luis Mandarino, Jorge Omar, etc.
El cantor de la orquesta
La fecha exacta del comienzo de la
etapa que continúa es imposible de precisar, porque durante alg’ún
tiempo convivieron "el cantor nacional" y el "estribillista"
con "el cantor de la orquesta", surgido al final de
la década del treinta.
Ya en 1933 la orquesta de Francisco Lomuto, sin perder su hegemonía
en lo estrictamente musical, otorgaba a su cantor, Fernando Díaz, y
después del '35 a Jorge Omar, un espacio más destacado que la de un
simple estribillista, pero aún con un rol secundario respecto de la
orquesta. Lo mismo se observaba con Roberto Maida en la formación de
Canaro y con Horacio Lagos en la de Edgardo Donato.
En 1934 la orquesta de Roberto Zerrillo con la voz de Franisco
Fiorentino ejecuta el tema "Serenata de Amor" -del
propio Zerrilo y Oreste Cúfaro- con la letra casi completa.
Yo creo que el momento bisagra entre el "cantor de orquesta"
y su antecesor hay que buscarlo en la aparición de las nuevas
orquestas que comenzaron en la mitad de la década del treinta y a
principios de la década siguiente., que serán las hegemónicas de
ese fenómeno renacentista de nuestra música ciudadana que fue el
cuarenta.
Me estoy refiriendo, en primer lugar, a Juan D'Arienzo, que asume la
dirección de su orquesta en 1934 y comienza a trabajar en el sello
Víctor al año siguiente, graba el 4 de enero de 1938 el tango "
Indiferencia" de Rodolfo Biagi y Juan Carlos Thorry, con su
cantor Alberto Echagüe y lo hace con todas las características del
"cantor de la orquesta".
Aníbal Troilo, que debuta con su orquesta
el 1o de julio de 1937, recién graba un tango cantado el 4 de marzo
de 1941, "Yo soy el tango" con la voz de Francisco
Fiorentino, el símbolo del "cantor de la orquesta".
Una orquesta ya consagrada en el veinte
como la del maestro Osvaldo Fresedo transforma a su estribillista
Roberto Ray en su cantor, a partir del tango "Mia vida",
grabado el 3 de septiembre de 1938.
Ricardo Tanturi que comienza con su
orquesta en el año 1937 y graba con su cantor Alberto Castillo el
vals "Recuerdo" en enero de 1941, genera otra de las
más recordadas duplas, luego continuada por el cantor uruguayo
Enrique Campos,
Ángel
D'Agostino que formó uno de los rubros más famosos de su época con
su cantor Ángel Vargas, graba el 13 de noviembre de 1940 "No
aflojés" de Pedro Maffia Sebastián Piana y letra de Mario
Battistella.
Miguel Caló con Raúl Berón, Rodolfo
Biagi con Jorge Ortiz, Aníbal Troilo con Alberto Marino, luego de la
partida de Fiorentino, Osvaldo Pugliese con Alberto Morán y Carlos Di
Sarli con Roberto Rufino, son otros famosos binomios de esta etapa.
La principal característica de este
momento en el desarrollo evolutivo del tango cantado, es sin duda, la
perfecta sincronización y armonía que había entre el vocalista y la
formación musical. El cantante era una voz destacada pero era
también un instrumento más de la orquesta, la que generalmente
hacía su lucimiento al principio y en el medio de la pieza para,
después, ponerse a disposición de la voz en el resto del tema.
La voz afinaba con los músicos de tal
forma que el cantor era un músico más y su voz un instrumento
musical que sobresalía, no por la factura de un solo, como lo haría
un violín o un bandoneón en la época anterior, rol también breve
asignado a los estribillistas, sino por su protagonismo en el tema.
Además este protagonismo se manifestaba
en la aceptación popular y en la importancia comercial que había
adquirido el cantor, por el valor de su cachet, por el volumen de
ventas de discos, por la cantidad de público que convocaban, por el
cartel, por las notas en las radios, diarios y revistas.
El éxito impresionante que tuvo el tango
en el cuarenta se debió a tres razones. La primera fue la gran
proliferación de orquestas integradas por jóvenes y talentosos
músicos: Aníbal Troilo, Osvaldo Pugliese, Miguel Caló, Alfredo de
Angelis, etc.
La segunda fue el ritmo que impuso la
orquesta de Juan D'Arienzo a mediados del treinta y que provocó un
nuevo acercamiento de los jóvenes con la danza y el género,
produciendo el resurgimiento del tango.
Y, en tercer lugar, el nuevo rol del
cantor de tangos en la orquesta, importancia que se refleja en las
discografías de las más importantes formaciones de ese período
donde encontramos pocos temas instrumentales.
Ser cantor de la orquesta no significaba
únicamen-te cantar la letra completa de un tango, era
fundamentalmente el resultado de una nueva estruc-tura en la
concepción de la pieza, que se planificaba de un modo diferente a
como se hacía hasta entonces.
Carlos Dante, el mejor cantor de Alfredo
de Angelis, interpreta el tango "Vieja luna" de
Arturo Gallucci y Celedonio Flores, grabado el 31 de agosto de 1945,
haciendo la mitad de la letra, lo mismo ocurre con la versión del
tango "Los mareados"" de Juan Carlos Cobián y Enrique
Cadícamo grabada por Francisco Fiorentino con Aníbal Troilo el 15 de
junio de 1942, y con Ángel Vargas en "Muchacho" de Edgardo
Donato y Celedonio Flores, grabado con D'Agostino el 13 de noviembre
de 1940, y no por eso dejan de ser arquetipos de cantores de la
orquesta.
El cantor y el director eran socios en un
planteo que los mostraba con igual protagonismo, generando en la
mayoría de los casos -en carteleras y marque-sinas- un rubro de dos
apellidos: Troilo - Fiorentino, D'Agostino - Vargas, D'Arienzo -
Echagüe, etc.
En definitiva, el cantor y la orquesta
formaban una unidad inseparable, una verdadera sociedad artística.
El solista consagrado
Solamente
como resultado de un rutilante éxito, y no en todos los casos, un
cantor de orquesta podía llegar a "solista" y dueño de su
propia formación instrumental.
Fueron muchos lo rubros famosos, pero la
disolución de los mismos nos enseñan de orquestas que desaparecen
por la partida del cantor o que por esa causa decaen muchísimo, y
vocalistas que al irse pasan al olvido o a un plano muy menor cuando
intentan su etapa de solista.
De todos modos en el fin del '40 vemos
levantar vuelo y armar sus propias agrupaciones musicales a cantores
de la talla de Alberto Castillo, Alberto Ma- rino, Ángel Vargas y
Francisco Fiorentino, todos ellos famosos y exitosos que continúan su
trayec- toria como grandes solistas.
Es cierto que los expertos los prefiere en
su anterior condición, pero no es menos cierto que nos dejaron, en
esta nueva etapa, algunas versiones antológicas.
Alberto Castillo con su orquesta dirigida
por Emilio Balcarce en Yo llevo un tango en el alma de Osvaldo
Sosa Cordero en 1945.
Alberto Marino con su orquesta para sus
versiones de Mariposita de Anselmo Aieta y Francisco García
Jiménez, grabado en 1954 y Del suburbio de Oscar Sabino y
Víctor Lamanna en 1955.
ángel Vargas con su orquesta dirigida por
Armando Lacava en Chingolito de Antonio Scatasso y Edmundo
Bianchi, en 1953.
Francisco Fiorentino con su orquesta
dirigida por Astor Piazzolla en Viejo Ciego de Sebastián Piana
y Homero Manzi en 1946.
Por primera vez en la historia del tango
el cantor somete a la orquesta, propia o contratada, la pone a su
disposición para su lucimiento y termina de este modo -parecería
para siempre- el viejo predominio.
Otros excelentes cantores de orquesta
llegaron a ser más importantes en su etapa solista, tal los casos de
Edmundo Rivero y Roberto Goyeneche, ambos ex vocalistas de Horacio
Salgán primero y Aníbal Troilo, después; Héctor Maure, ex Juan
D'Arienzo o Miguel Montero y Jorge Vidal ambos provenientes de la
orquesta de Osvaldo Pugliese.
Pero hubo muchos otros, la mayoría, que
llegaron a solistas un poco tarde, cuando ya el tango no era
convocante de la juventud y su declinación los terminó arrastrando
inexorablemente.
El caso de Alberto Morán es curioso. Su
etapa más importante y valiosa fue sin duda cuando cantaba para la
orquesta de Osvaldo Pugliese, pero ya solista y acompañado por la
orquesta de Armando Cupo, mantuvo su éxito y por momentos hasta lo
superó. Y pese a la temprana declinación de su garganta sus
seguidores nunca lo abandonaron. Algo similar ocurrió con "El
Polaco" Goyeneche de los últimos años.
Otros grandes que llegaron a ser
importantes solistas fueron Julio Sosa -ex Francini-Pontier-, quien
tuvo el mérito de resucitar el tango en los difíciles años sesenta;
Floreal Ruiz que fue cantor de importantísimas orquestas y terminó
siendo una estrella con brillo propio hasta el final de sus días,
Roberto Rufino considerado maestro de cantores por sus propios pares y
Argentino Ledesma, ex cantor de Héctor Varela que a partir del éxito
de Fumando espero, tango de Juan Viladomat Masanas y Félix
Garzo, hizo una exitosa carrera profesional, vendiendo muchos discos.
El cantor en la actualidad
Un último párafo de esta breve
historia quiero destinarlo a los cantores actuales, que no tuvieron la
suerte del estribillista ni del cantor de la orquesta de crecer y
foguearse junto a los músicos, afinando sus gagantas como los
violinistas a sus cuerdas.
Nacieron solistas, no como sus antecesores
a partir del éxito consagratorio, sino por la circunstancia de haber
desaparecido las orquestas estables. Tuvieron que hacerse solos y su
mérito consistió en insistir con una propuesta musical agredida y
postergada por otros géneros.
Desde mucho tiempo atrás el tango había
perdido su lugar de privilegio, especialmente entre los jóvenes y
fueron estos intérpretes, que a partir del '70 se debatieron en una
lucha desigual con el rock y el pop.
Los cantores más destacados de la
actualidad y que sirven de ejemplo son: Rubén Juárez, Susana Rinaldi
y María Graña, y los menos conocidos Reynaldo Martín, Luis
Filipeli, César Consi y Alfredo Sáez, entre otros.
A fines de los años ochenta resurge un
nuevo interés por el género en todo el mundo a través del tango
instrumental y por el auge de la danza, pero lo que empezó por los
pies continúa por la cabeza y en la actualidad observamos un
resurgimiento de los vocalistas, en especial de las mujeres, como así
también la revalorización del pasado a través del rescate y
edición de viejas grabaciones.
Artículo publicado en
la Revista CLUB DE TANGO Nro.37 julio-agosto
1999
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