| EL
FONÓGRAFO EN LA ARGENTINA
n el año 1878 Buenos Aires realiza la primera
asombrosa demostración presentando el fonógrafo de Edison, capaz de
grabar en una hoja de estaño los sonidos y la voz para ser reproducidos
inmediatamente.
Este invento Edison lo había presentado en su país
un año antes. Desde entonces la hoja de estaño (Tin-foil) que cumplía
la función de soporte para el sonido fue mejorada reemplazandola por un
cilindro de cartón recubierto de parafina hasta que en el año 1890
aparecen los primeros fonografos comerciales usando cilindros macisos de
cera.
En 1891 llegan a Buenos Aires los dos primeros
aparatos de este tipo marca Edison. Es aquí donde comienzan las
primeras audiciones públicas demostrativas utilizando los novedosos
cilindros de cera que podían ser grabados nuevamente, siempre con el
mismo fonógrafo. Se cobraba la entrada.
Uno de estos dos fonógrafos es adquirido en el año
1893 en la provincia de Tucumán por un señor de apellido Paola quien
en una ocasión invita a su casa a todos los integrantes de la
compañía de teatro de los Podestá que en ese momento actuaban en esa
ciudad.
Entre los invitados que cantaron estaban María,
Gerónimo y José Podestá.
El señor Paola, orgulloso de poseer este aparato se
encargó personalmente de grabar la voz cantada de cada uno de ellos,
reproduciendo para todos los presentes lo que habían "visto
escribir" sobre un cilindro de cera.
Un periódico local publicó el 19 de abril de ese
año lo que presenciara en esa reunión y tituló al artículo
"MARIA PODESTA "TENIDA A PUERTA CERRADA""
"...María cantó como siempre con esa voz
sonora que no por ser muy elevada deja de ser más bella, y los que la
escuchamos la aplaudimos como se la aplaude en las noches de función.
Aplicamos la trompetilla al oido, moviéndose el
cilindro del aparato dirigido por Paola y sentimos la repetición de la
vidalita con incomparable precisión. Eran las mismas. María las
escuchaba emocionada. Era la primera vez que oía palpitar su voz en
"labios ajenos".
El aparato decía:
Una palomita
vidalita
que yo criaba
era tan mansita
vidalita
que me acariciaba
y por la mañana
vidalita
siempre yo le daba
una comidita
vidalita
que se alimentara.
Otra palomita
vidalita
sin calma ni hogar
a mi palomita
vidalita
la vino a buscar."
Enseguida cantó José Podestá:
"...aplausos, vivas a la rubia y a Podestá...
Hubo de todo, aplausos, risas, felicitaciones a la señorita Podestá y
a Pepino. En una palabra, pasamos un rato agradable recreando el oido
con los adelantos de la ciencia y la vista con los ojos de cielo cuyas
miradas indecisas flotaban entre la concurrencia para pararse sobre
Gerónimo Podestá que gozaba en presencia de las ovaciones recibidas
por su hija"
Quiero informar a los lectores de CLUB DE TANGO que
en más de cincuenta años que colecciono información fonográfica de
audiciones por artistas relevantes, esta sería en mi opinión la
primera absoluta con documentación.
Héctor Lucci
|