Las mujeres en el
tango
Mirta Vázquez
Introducción
Se sabe que los
individuos nos ubicamos socialmente de acuerdo a las coordenadas de
tiempo y espacio en que nos toca vivir. Desde el psicoanálisis se ha
llegado a esbozar la idea de que el sujeto actual no es el mismo que el
de siglos pasados, ya que su posición está determinada, en parte, por
la historia.
Es a partir de la
enseñanza de Jacques Lacan 1 que es posible pensar acerca de los
significantes que marcan a un sujeto y que conforman lo que él dio en
llamar "la subjetividad de una época". Cada época tiene un
discurso que le es propio y cada generación genera, justamente,
significantes que la representa.
Teniendo en cuenta esto
comencé hace unos años una investigación para cercar aquellos lugares
comunes que definían a las mujeres en la poesía del tango.
Mi primer trabajo fue:
"El lugar de la mujer en la poética tanguera" pero, a
medida que fui avanzando me encontré con la necesidad de ubicar el
lugar social de la mujer en Buenos Aires. Elegí situarla entre 1880 y
1960, Es decir, desde el nacimiento del tango hasta poco más de
mediados de este siglo, tomando sus rasgos conforme la plasmaron los
poetas populares.
Mis estudios y lecturas
siguen su curso y, por ende, las conclusiones a las que arribo son aun
parciales. No obstante, a medida que prosigo se confirma la siguiente
hipótesis: El lugar social dado a la mujer depende de la subjetividad
de la época. Es decir que el discurso imperante determina su valor.
Lacan considera que no
se puede hablar de La Mujer, ya que no hay un universal que la contenga.
Es decir que el goce femenino se inscribe en la particularidad de cada
una. En cambio para todos los hombres hay una forma de goce sexual
equivalente. Es a partir de la heterogeneidad de los goces que Lacan
determina, desde el psicoanálisis, la diferencia sexual. Es decir que
ésta no pasa por la biología ni por la anatomía (el travestismo y el
transformismo dan prueba de ello), sino por una posición del sujeto
respecto a su sexo.
Un sintagma conocido de
Jacques Lacan es "La Mujer no existe", es decir que no
hay representación de la mujer ya que en el inconsciente no hay
inscripta la diferencia sexual.
Justamente una de las
tareas del artista es crearla. Es sabido que hubo, en todo tiempo,
mujeres que han ocupado el lugar de musa inspiradora. A la vez el arte
logra crear un tipo de mujer que a veces se constituye en el paradigma
de su tiempo.
En mi indagación sobre
las letras de los tangos me he encontrado con autores, mayoritariamente
varones, que han ido creando un tipo de mujer porteña. Tomando
cronológicamente casi un siglo es posible verificar los cambios del
discurso y el tipo de mujer que le corresponde en cada momento.
Las letras de los primeros tangos
Ubico la época del
tango desde su nacimiento en 1880 como música y danza hasta los años
1960 ya que entiendo que a partir de este momento surge otro tipo de
mujer en la Argentina (y quizás en el mundo). De manera que la poesía
popular queda, para mí, desplegada en las letras de las canciones del
incipiente rock nacional. Surge así la "muchacha ojos de
papel", mientras que el tango comienza un doble camino: por un lado
se acentúa el desarrollo instrumental, fundamentalmente la línea de
Piazzolla y Rovira, mientras que por el lado de las letras se privilegia
como protagonista más a la ciudad de Buenos Aires que a sus mujeres.
Curiosamente comienza a destacarse una poetisa: Eladia Blázquez.
En las letras de los
primeros tangos es posible encontrar un cierto tipo de mujer que se
repite en el tiempo y que condensa tanto a la madre como a la
prostituta.
Esta dualidad,
observada por Freud como una elección de objeto típica del hombre,
toma en el varón porteño características sorprendentes. En principio
se puede decir que elige a aquellas mujeres que puedan responder a estas
dos posiciones al mismo tiempo.
Villoldo, en El
Porteñito escribe 2:
"Y al hacerle la
encarada
La fileo de cuerpo entero
Asegurando el puchero
Con el vento que dará"
De hecho, en nuestra
ciudad al cafiolo se le llamaba, burlonamente, el "cafishio del
café con leche" 3, ya que poseía solamente una o, a lo sumo,
dos pupilas que trabajaban para él pero no era dueño de un
prostíbulo. La forma empresarial de la prostitución fue traida por
extranjeros y, en general, explotadas por ellos. Es decir que al macho
porteño, además del negocio, lo unían a su mujer lazos de amor.
Una de las funciones a
la que se asocia a la madre es la nutricia. Así, gozando sexualmente de
la misma que le da de comer, el rufián logra condensar en una a la
madre y a la puta.
Se podrá objetar que
no todos los porteños eran rufianes, lo que es verdad.
Pero también es cierto
que los habitantes de la ciudad comenzaban a compartir una lengua nueva,
el lunfardo.
Al respecto debo hacer
una digresión. Aquello que se transmite vía la palabra modela los
deseos y apetencias de las personas que habitan una lengua. La lengua,
como la mujer, no es universal: hay lenguas así como hay mujeres. La
lengua como la mujer son creaciones. A cada época le corresponde un
modo del habla así como un tipo de mujer. Poco importa que ella, tal
cual la describe el autor, exista en la realidad. Lo que destaco es que
cada una de las que si existen no tienen más remedio que ubicarse de
acuerdo al discurso que las determina.
El lunfardo es usado
por los poetas desde la creación misma del tango canción y, en
general, se considera este comienzo con Mi noche triste 4, de
Contursi.
Ya allí tenemos
magistralmente condensados los dos rasgos típicos de la mujer porteña.
Como madre aparece en los versos que aluden al hogar, a su mantenimiento
y arreglo:
"Cuando voy a mi
cotorro
y lo veo desarreglado,
todo triste abandonado
me dan ganas de
llorar"
"Siempre traigo
bizcochitos
pa’tomar con matecito
como cuando estabas
vos"
"Ya no hay en el
bulín
aquellos lindos
frasquitos
adornados con
moñitos..."
Es obvio que en estas
estrofas el hombre extraña una mujer maternal y manifiesta un tipo de
amor en el que prevalece la ternura mientras que el amor pasión que lo
liga a la mujer amante dice así:
"Percanta que me
amuraste
en lo mejor de mi vida
dejándome el alma
herida
y espinas en el
corazón,
sabiendo que te
quería,
que vos eras mi
alegría
y mi sueño abrasador
para mí ya no hay
consuelo
y por eso me encurdelo
pa’olvidarme de tu
amor".
"Y si vieras la
catrera
como se pone cabrera
cuando no nos ve a los
dos"
Este tango marca el
comienzo de uno de los dramas de amor propios del tango: el hombre
abandonado. Así también empieza a construirse esta mujer
paradigmática, que, con diversos matices, se repetirá en tantas
letras.
En este caso el hombre
llora la perdida por partida doble: la mujer sexual, degradada en su
condición de objeto de goce y la mujer maternal elevada al rango de
objeto de idealización.
Desde esta perspectiva
sostengo que la mujer creada por las letras de los tangos era una mezcla
de debilidad y fortaleza.
Su posición de dominio
la acerca al rasgo que Lacan destaca en la Madre para el niño pequeño:
todopoderosa. Al perderla el hombre se destruye. Es una dimensión
pasional del amor encarnado en un tipo de mujer que es capaz de llevar
al hombre a lo peor.
De la creación surgen
arquetipos. Como la milonguita, esa perdida.
De la pérdida a las
perdidas
En las primeras letras
abundan las perdidas, aquellas que tratando de salir de un medio social
pobre encuentran como único escape la prostitución. Flor de Fango,
Margot, Zorro Gris, El Motivo, Mano a Mano, Ivette o Milonguita, son
claros ejemplos.
Transcribo algunos
párrafos de Flor de Fango 5 de Contursi:
"Justo a los
catorce abriles
Te entregaste a la
farra,
Las delicias del gotan,
Te gustaban las
alhajas,
Los vestidos a la moda
Y las farras de
champán."
"Fuiste papusa del
fango
Y las delicias del
tango
Te espiantaron del
bulin;
Los amigos te
engrupieron
Y ellos mismos te
perdieron
Noche a noche en el
festín."
Es interesante ver como
en estos versos Contursi refleja la decisión de una adolescente que
para darse ciertos gustos tiene, necesariamente, que
"perderse". En muchas ocasiones he escuchado decir que de esta
forma el tango enjuicia a las mujeres. Mas bien pienso que, en este
caso, la justifica, ya que entiende que la sociedad no le deja otra
salida.
Vuelve con el tema en
El Motivo 6:
"Mina que fue en
otro tiempo
la mas papa milonguera
y en esas noches
tangueras
fue la reina del
festín...
Hoy no tiene pa’ponerse
Ni zapatos ni vestidos,
Anda enferma y el amigo
No aportó
para el bulín"
En general todo deseo
relacionado con el lujo y el placer está pensado a través del binario
culpa-castigo, ya que cada una de las que los elija terminará mal:
sola, triste, sin amor, angustiada, o, en último término, asesinada.
Por último, en Ivette,
Contursi mezcla con un sarcasmo que anticipa el grotesco, la perdida con
el hombre abandonado. De ella dice:
"Mina que fuiste
el encanto
de toda la muchachada
y que por una pavada
te acoplaste a un misché"
Y luego de enumerar los regalos de
dudoso buen gusto que le obsequiara, concluye de esta manera:
"Recordando sus amores, el pobre
bacán lloró".
Margot 7
plantea un esquema similar. Su letra es de Celedonio Flores y ya desde
el comienzo pinta la semblanza de una mujer en la que el hombre
percibe, a través de sutiles signos, el origen humilde que ella
intenta ocultar.
"Se te embroca
desde lejos, pelandruna abacanada
que has nacido en la
miseria de un convento de arrabal
hay un algo que te
vende, yo no sé si es la mirada,
la manera de sentarte,
de charlar o estar parada
o ese cuerpo
acostumbrado a las pilchas de percal."
Un poco más adelante
determina, nuevamente, que la causa de su perdición es su deseo
"... no fue un
guapo haragán ni prepotente,
ni un cafishio de
averías el que al vicio te largo,
vos rodaste por tu
culpa y no fue inocentemente
berretines de bacana
que tenías en la mente..!"
En este caso, a
diferencia de Pascual Contursi, Flores no le deja a la mujer coartada.
La culpa no recae sobre el entorno o los otros sino sobre ella misma, de
allí la bronca con que la maldice al final y el recurso a la
invocación de la otra, la madre.
"Y tu vieja, pobre
vieja, lava toda la semana
pa’poder parar la
olla con pobreza franciscana
en el triste
conventillo alumbrado a querosén".
Asimismo descubre,
detrás del odio, el amor cuando la nombra como "mi
Margarita".
En Mano a mano
le augura un final atroz:
"y mañana cuando
seas descolado mueble viejo
y no tengas esperanzas
en el pobre corazón..."
Francisco García
Jiménez, autor de Zorro Gris 8 sentencia con estas palabras el
final de la perdida:
"... era el
intenso frío de tu alma lo que abrigabas con tu zorro gris"
Finalmente en Milonguita,
nombre que se torno genérico para todas las perdidas, Samuel Linning escribe:
Estercita!, hoy te
llaman Milonguita,
Flor de lujo y de
placer, flor de noche y cabaret.
Milonguita! Los hombres
te han hecho mal
Y hoy darías toda tu
alma
Por vestirte de percal.
En síntesis, creo que
estos tangos son claros ejemplos del tipo de mujer que es propio de los
ambientes de cabaret entre los años 1917 a 1920.
Para las mujeres había
dos posibilidades: el casamiento y con él la maternidad como salida o
hundirse en el vicio y la perdición. Ubicadas en uno y otro extremo de
la dupla madre-puta no se había aun plasmado la salvación por el amor
que aparecerá más tarde en poetas como Discépolo o Manzi.
Es decir que en las
primeras dos décadas del siglo, nuestros autores crean a una mujer
perdida por el placer pero condenada, por ello mismo, al dolor y a la
soledad. Surge así este tipo particular de mujer, la Milonguita, cuyo
final, según Linning, Es elocuente:
Ay, que sola, Estercita
te sientes!
Si lloras... dicen que
es el champán!...
Artículo publicado en la
Revista CLUB DE TANGO Nro.37 julio-agosto 1999
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