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 la verdad sobre el origen del auge actual del tango


tomás barna

 

stoy sentado ante la máquina de escribir y comienzo a teclear luego de haber dudado durante un extenso lapso con qué palabras iba a atacar el tema de esta nota. Es que me siento tironeado por dos sensaciones opuestas: una de alegría y otra de tristeza. Alegría porque reviviré los momentos de gestación y algunas de las vibrantes, intensas veladas tangueras que se sucedieron en aquel ardiente bastión del tango que fue "Trottoirs de Buenos Aires" -la primera tanguería que existió en Europa- cuya inauguración se llevó a cabo en el corazón de París (barrio de Les Halles) el 19 de noviembre de 1981.

Tristeza... debido a la injusticia motivada por ignorancia u olvido o vaya a saber por qué tipo de intereses que lleva a los supuestos "conocedores" del asunto a proclamar algo que nada tiene que ver con la veracidad. Lamento -y no me resulta nada agradable- tener que ser yo el que deba aclarar esta tergiversación de la verdad, dado que soy uno de los fundadores de dicho Café-Concert. Pero alguien tenía que hacerlo. Aquí se hace palpable una vez más lo necesario de las revisiones históricas, ya que tantas veces se falsean los hechos.

Con alarmante frecuencia aparecen, en diarios y revistas, artículos asegurando que el renacer y el auge del tango en la Argentina se debe a la existencia del espectáculo "Tango Argentino", pero a ninguno de esos periodistas se le ocurrió averiguar cómo nació este conjunto.

Cuando Héctor Negro (en "Clarín" del 10 de agosto de este año) -como tantos otros- dice: "Hubo un fenómeno -el de Tango Argentino- que le abrió al tango los escenarios del mundo en la década del 80", dice una verdad a medias, algo así como sacar una frase del contexto.

"Tango Argentino" se presentó por primera vez en nuestro planeta el 11 de noviembre de 1983, en el viejo Teatro Chatelet, modernizado y rebautizado "Teatro Musical de París".

La tanguería "Trottoirs de Buenos Aires" abrió sus puertas (debo repetirlo) el 19 de noviembre de 1981, es decir, casi exactamente dos años antes.

Reproduzco, a continuación, un fragmento de una de las numerosas y ditirámbicas críticas surgidas en los diarios parisienses con motivo del debut de "Tango Argentino". Se trata de una nota del periódico "Libération", del 14 de noviembre de 1983, firmada por Kolpa Kopoul, titulada "El tango entró de nuevo en París". Y dice así: "El" no había desaparecido, en realidad, nunca de París, sino que se le había dado una cédula de residencia permanente. Y, de pronto, reapareció humildemente, por la puerta trasera, hace unos dos años: "Trottoirs de Buenos Aires", a manera de vitrina; así es como se dio el lujo de tener un nido en el barrio de Les Halles. El Río de la Plata, aquí, era sólo un arroyo, y sin embargo las volutas del bandoneón irrigaban a una generación que, comúnmente, tenía amores que latían al conjuro de otros decibeles. "El" está aquí como conquistador. En un gran teatro: el Chatelet. Con un público que no escatima en sentirse su prisionero y que le pide más. "El"... es el tango".

Tras un análisis detallado de la calidad de cada uno de los intérpretes, el crítico expresa, unos renglones más adelante: "Sabiendo que seremos injustos al no mencionar a todos, detengámonos en el Sexteto Mayor, gracias a quien entró el tango en París escalando, hace hoy dos años, los "Trottoirs de Buenos Aires". José Libertella y Luis Stazo -los dos bandoneonistas- levantan, a la cabeza de su Sexteto reforzado, un espectáculo que se habría convertido en un sucedáneo sin su presencia. Su alma de conquistadores y el conocimiento del terreno (su actuación anterior en la tanguería), hicieron evidente este espectáculo". También señala, en un párrafo exclusivo, "los arabescos de Horacio Salgán, pianista de antología."

Y ahora vayamos al encuentro de algunos pasajes cruciales de la historia de "Trottoirs de Buenos Aires". La idea empezó a cristalizar, en forma de embrión, allá por los inicios de la década del 70, cuando tanto Benjamín Kruk como Edgardo Cantón y yo anhelábamos -empujados por una necesidad interior muy profunda- abrir un local que permitiera difundir lo mejor de la música y la poesía contenidas en el tango. Pero no nos fue posible, entonces, reunir el capital necesario para plasmar el proyecto. Diez años después el músico Edgardo Cantón logró reunir a un grupo de socios, me hizo partícipe de la aventura que se iniciaba y nos pusimos a la obra. Entre franceses, argentinos y otros sudamericanos llegamos a ser 23 los componentes del cuerpo activo y espíritu tanguero forjadores de ese templo de nuestra música ciudadana. Contábamos en nuestro equipo con algunas figuras destacadas en el terreno de la plástica, tales como Antonio Seguí, Pérez Celis y Leopoldo Presas. También formaba parte de la sociedad la cantante Susana Rinaldi. Capitaneados por Cantón, compartiendo la dirección artística, concretamos por fin el sueño de irradiar una luz de argentinidad en París... con la certeza de que se repetiría la historia: si París, en 1913, había aceptado y consagrado al tango, lo cual permitió que en la Argentina se levantara la prohibición y se lo valorara en su justa medida, ahora -desde 1981- triunfando otra vez en París... renacería en Buenos Aires y -por ende- en todo nuestro territorio. Y -por qué no- este renacimiento podría llegar a tener alcance, repercusión universal!

Luego de una ardua búsqueda encontramos el local y el sitio inmejorable. Entre Cantón y yo preparamos una lista de intérpretes de primera línea a quienes debíamos contratar. Era fundamental comenzar con un conjunto señero. En julio de 1981 viajé a Buenos Aires y entré en contacto con José Libertella. Al proponerle la idea de romper fuego en "Trottoirs de Buenos Aires" con el Sexteto Mayor, él y Luis Stazo -con una rara generosidad y entusiasmo- decidieron ser nuestros ‘compinches’ en eso que parecía un albur, una turbulencia mental utópica, y que se convirtió en una bella realidad!

El padrino espiritual de la Tanguería fue Julio Cortázar, quien en las postrimerías de los años 70 presentó un disco con letras de tango suyas, música de Cantón, con la voz de Juan Cedrón.*

En la noche de apertura (ese 19 de noviembre de 1981, inolvidable) la argentinidad adquirió proporciones universales. Argentinos, franceses, otros europeos y varios latinoamericanos se sintieron hermanados, plenos de fervor, sacudidos por una emoción extraña, latiendo al unísono bajo el conjuro de la música que expresaba el estremecimiento del ser humano con un lenguaje netamente argentino.

Tras el Sexteto Mayor -que actuó durante las primeras tres semanas con un éxito rotundo de público y de crítica- se fueron sucediendo en el escenario intérpretes de gran jerarquía: Rubén Juáez, con quien festejamos, en el local -entre tango y tango- el nacimiento del año 1982. Luego, le siguieron Salgán-De Lío, acompañados por el bandoneonista Oscar Pareta. Inmediatamente después fue el turno de la cantante Josefina, quien paseó el tango por media Europa durante nueve años. De ella llegó a decir Anne-Marie Paquotte (periodista de la revista "Télérama"): "¡Arriba Josefina! Esta bella argentina vuelve a hacer soplar en los "Trottoirs de Buenos Aires" la fiebre del tango. Voz pulposa, canto profundo y encanto asegurado. Déjense cautivar por esta dama en "Trottoirs de Buenos Aires": 37, rue des Lombards".

En la nómina de artistas que desfilaron por la tanguería se destacaron -además de los nombrados- Guillermo Galvé, Raúl Funes, Hernán Salinas y Reynaldo Anselmi (entre los cantores), como asimismo las voces de Susana Rinaldi y María Garay, y los conjuntos de Osvaldo Piro, el Sexteto Tango, Juan José Mosalini y su Trío, Orlando Trípodi, el Cuarteto del Centenario, el dúo Gubitsch-Caló con tango de vanguardia, los bandoneonistas Arturo Penón y Walter Ríos, sin olvidarnos de dos excelentes instrumentistas uruguayos: el guitarrista Ciro Pérez y el pianista Enrique Pascual.


Y no puedo dejar de soslayar que en dicho local estuvieron presentes personalidades de nuestro ámbito tanguístico y cultural tales como Edmundo Guibourg, Ben Molar, la señora de Noble, Julio Cortázar -por supuesto-, Osvaldo Pugliese y el doctor Víctor Sasson -Presidente de la Asociación Gardeliana-, quien entregó allí más de una "Orden del Porteño", especialmente a Osvaldo Piro.

Como corolario de esta reseña de la trayectoria trascendente de "Trottoirs de Buenos Aires" es preciso señalar que a su mediación se debió algo que significó un hito en lo que se refiere a la presentación única, en París (en el gran teatro "Bataclán") de la Orquesta de Osvaldo Pugliese -con Arturo Penón como primer fueye- cantando Abel Córdoba y Adrián Guida. Esto sucedió en 1984.

Precisamente a raíz del triunfo del tango en este local, los argentinos Claudio Segovia y Héctor Orezzoli decidieron montar un espectáculo e interesaron a los propietarios del ex Teatro Châtelet quienes acudieron varias veces a "Trottoirs...". Así fue como vio la luz "Tango Argentino" con el suceso posterior que todos conocemos.


Pero no olvidemos que la columna vertebral de la orquesta formada para el espectáculo "Tango Argentino" la integraban los músicos del Sexteto Mayor, Salgán, De Lío y Pareta (nueve instrumentistas que habían actuado, mucho antes, en "Trottoirs de Buenos Aires").

Ahora preguntémenos: "¿Habría existido Tango Argentino sin esa matriz fulgurante que fue "Trottoirs de Buenos Aires"? Creo que con lo expresado surge, nítida, la verdad sobre el origen del auge actual del tango.

¡Que se sepa que fue así! ¡Que la memoria no desfallezca jamás!

El logro de la cruzada emprendida hace 15 años es haber hecho que no sólo el francés sino los otros habitantes de la Tierra -especialmente los argentinos- adquieran conciencia de la belleza musical del tango, de su riqueza poética, de su profundidad metafísica, de su singular coreografía y de la jerarquía artística de sus intérpretes.

 

* Ver "Club de Tango" Nº 4 y 9.


 

Artículo publicado en la Revista CLUB DE TANGO Nro.20  Julio-Agostoero   1996

 

 


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