La
prostitución femenina ha sido una constante en la historia de la Argentina.
Por otra parte, ha sido un fenómeno planetario, a lo largo de muchos
siglos.
En el caso de nuestro país
y con vinculación al tango, se advierte en diversas fuentes el sistema de
relaciones existentes; algunas de ellas son documentales, legales,
bibliográficas, hemerográficas y literarias.
Me referiré, entonces,
particularmente, a la literatura popular argentina y, de modo más especial
todavía, a la poesía lunfarda y a las letras de tango. Son muy ricas hasta
1910 aproximadamente, pero la puntualización que haré se refieren al
período 1920-1940.
Hacia 1920 estaban frescos
los recuerdos sobre los prostíbulos y sobre el ejercicio de la
prostitución en casas que no eran prostíbulos. Ambas forman subsistieron,
aunque con menor intensidad.
La problemática lunfarda
informa sobre esto, así como sobre el vocabulario existente, propio de la
actividad: mina, tirar el carro, moma, pupila, madama, lata, fiolo,
cafiolo,cafiolar, fiolar, cafishio, etc., subsistieron como vocablos propios
de ese ambiente.
De las letras existentes de
los primitivos "tangos" y de las cuartetas prostibularias,
así como de títulos y letras de tango, quedaron los testimonios en toda la
historia y literatura tangueras.
Hasta 1937 existieron los
cafés de camareras, particularmente en La Boca; las mujeres que atendían
las mesas, que vestían de negro, bailaban con los parroquianos, entre café
y café, o entre copa y copa. Y también... en el mismo lugar.
En los cabarets de Buenos
Aires, que no eran similares a los europeos, había reservados donde se
hacía al amor; hubo algunos famosos, en el mismo centro de la ciudad.
Además, hasta esa fecha existieron los prostíbulos, reglamentados y
controlados por las autoridades públicas. En ese momento se clausuran
prostíbulos y cafés de camareras. Luego igualmente subsiste la
prostitución, de diversas formas.
Una de ellas fueron algunas
orquestas de señoritas, integradas por mujeres que no sabían música ni
tocaban, simulaban hacerlo. Cuando bajaban del escenario o del "palco
tanguero" arreglaban horarios y tarifas con los clientes.
Generalmente, las letras de
tango de esa época no aluden en forma directa a la prostitución, pero sí
a las mujeres que la ejecían, con eufemismo: cabaretera, milonga,
milonguera; había todavía una franja de mujeres extranjeras, en lugares de
categoría; la poesía popular ya no aludía más a los quecos, "tambos"
y, en fin, casas públicas, y menos a la prostitución organizada existente.