bajo
el
signo
del vals
Apuntes para una Biografia de
Rosita Melo
ricardo
Ostuni
o
es mucho cuanto se sabe sobre la autora del célebre vals Desde el Alma, aunque
su nombre se codea en fama con el de los más ilustres tangueros.
Rosita Melo -anotada como Clotilde Rosa Mele- era uruguaya,
montevideana. Acerca del año de su nacimiento, hay discrepancias. Para
algunos autores había nacido el 9 de julio de 1897; otros citan el año
1900; los más se inclinan por 1903. De cualquier manera había nacido en
los tiempos del vals que en el Río de la Plata abarca desde 1840
hasta los primeros años de nuestro siglo. El vals, significó un
tránsito fundamental en la historia de la danza de salón, apunta Lauro
Ayestarán; de la pareja suelta se pasó a la pareja tomada.
El furor se produjo en el siglo XIX cuando brillaban los dos Strauss. En
1899 moría Johann (hijo) célebre compositor vienés de cuya
perdurable riqueza melódica surgieron, entre otros valses, Danubio
Azul, Cuentos de los Bosques de Viena y El Vals del Emperador, obras
que signaron una época llena de esplendor y romanticismo. El vals sin
abandonar el salón, salió a la calle e impregnado del espíritu popular
constituyó en nuestras tierras una especie musical acriollada de gran
suceso.
También a fines del siglo XIX llegó a estas costas, procedente de América
del Norte, el vals Boston que según Ayestarán se
caracterizaba por su estirada lentitud y deslizamiento en el paso.
Don Sebastián Piana acotaba que en el vals Boston el pianista no
efectúa el ritmo con la mano izquierda, sino con la derecha, conjuntamente
con la melodía, destinándose la izquierda a la marcación del primer
tiempo del compás o sea el bajo.
El Boston dejó una huella profunda y uno de los títulos que lo
perduran es, precisamente, Desde el alma.
Por ese entonces el tango -todavía de acento villoldeano- solo
clandestinamente sonaba en los pianos familiares reservados, como decía Alberdi,
"para que la niña de la casa tocara una valsita al menos".
Alguna vez Rosita Melo recordó que las muchachas de su tiempo eran
muy románticas y soñadoras. "Yo, dijo, no hice mas que
interpretarlas".
Toda
creación encierra un misterio. El arte ocurre y es en vano querer examinar
los hechos que lo hacen posible. Causas y efectos transcurren más allá de
toda relación lógica. Aquella adolescente de 14 años, jamás pudo
imaginar que estaba componiendo una obra inmortal. Hasta es posible que la
hubiera ocultado pudorosamente, porque en esos años los sentimientos se
guardaban con celo de intimidad y vergüenza.
Todo hace presumir que el famoso vals se compuso entre 1911 y 1917. Las
fechas varían según distintos autores. Rosita nunca lo aclaró;
solo dijo que era una obra de su adolescencia.
Hacia 1906 su familia -como la de tantos uruguayos- se había radicado en
Buenos Aires. A fines de siglo habían llegado los Canaro y muchos años
antes los Saborido. Esta margen del Plata ejercía una fascinante
atracción.
Pero los datos de nuestra biografiada comienzas a tener alguna certeza a
partir de 1922. Rosita Melo se casa con el joven poeta Víctor
Piuma Vélez, autor sin demasiado suceso ni mucha inspiración. Para
entonces Roberto Firpo había grabado instrumentalmente el vals de Rosita.
Piuma le acopló unos versos:
Yo también desde el alma
te entregué el cariño,
humilde y pobre,
pero santo y bueno,
como el de una madre,
como se ama a Dios.
Porque tú eres mi vida,
porque tú eres el sueño,
porque las penas
que en el alma tuve
tú las disipaste
con tu amor.
Idéntica pobreza muestran las demás estrofas. Empero la obra pudo
soportarlas dignamente en un estado de vigilia similar al perro dormido de
que hablaba Priestley, es decir, aguardando su otra realidad, el
otro tiempo de su verdad.
Me pregunto si fue una casual observación de Homero Manzi o una
causal del destino. Lo cierto es que en 1948, a muchas décadas de su
creación, el vals de Rosita encontró los versos que buscaba
afanosamente desde el inicio.
Nadie pacta su destino
ni tampoco lo conjura,
el destino es escritura,
es fatalismo, camino.
Las circunstancias fueron estas. Hugo del Carril, protagonista de Pobre
mi madre querida -con la actuación de la eminente Emma Gramatica-
requería un tema acorde con la trama del film. Manzi recordó el
vals de Rosita y previo una diplomática gestión ante Piuma
Vélez, logró el permiso para modificar la letra.
Así escribió los perdurables versos que parecieran haber compañado desde
siempre a la canción.
Alma si tanto te han herido
¿por qué te niegas al olvido?
¿por qué prefieres
llorar lo que has perdido
buscar lo que has querido
llamar lo que murió?
Vives inútilmente triste
y sé que nunca mereciste
pagar con penas
la culpa de ser buena
tan buena como fuiste
por amor.
Versos que preexistían a la escritura; versos que Manzi supo
descubrir en lo profundo de esas simples notas que Rosita urdió una
tarde -tal vez de otoño- cuando las muchachas todavía suspiraban por amor.
Rosita Melo también compuso un par de tangos: Oración y Tatita,
pero su gloria tiene acento de vals. Borges decía que la
inmortalidad se logra con un solo verso, con una sola línea que trascienda
los tiempos. Rosita puede dar fe. Toda su vida perdura en un vals y
solo así podemos imaginarla o intuirlo.
Desde el alma de Rosita Melo nos siguen llegando los ecos de su
corazón de muchacha romántica y soñadora. Ecos de un tiempo pretérito en
el tiempo, que revive al conjuro de su magnífico vals.
Rosita Melo murió en Buenos Aires el 12 de agosto de 1981.
Artículo
publicado en la Revista CLUB DE TANGO Nro.17 Enero-Febrero
1996 |