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Hay libros y libros. "El tango
en la sociedad porteña" es uno de los que escapan en
el tema tango a
cualquier encasillamiento. Se ocupan los autores (que son conocidos coleccionistas de partituras,
discos y confeccionadores de discografías). Hugo Lamas
y Enrique Binda, de una etapa de la historia del género donde no existe bibliografía, o sea de la época de 1880
a 1920. Lo primero que surge es una labor
historiográfica donde ponen al alcance del lector una documentación
verificable y contemporánea a los sucesos que narra.
Hallaron registros hasta
ahora desconocidos, como son los lugares donde bailaban
y cuántos eran ellos -los autores han tratado de cuantificar el fenómeno en todos
los aspectos- cuáles eran los conjuntos que interpretaban tangos, cuándo
aparece el tango en el disco y cuáles son (en la asombrosa época de 1902).
Cuántos discos y partituras de tangos se grabaron por épocas, etc.
La documentación expuesta dice
del baile del tango en
los inicios del siglo, coreografías olvidadas como el taconeo durante la
danza, escuelas barriales y hasta provinciales con coreografia propia,
quiénes eran o a qué estrato social pertenecían los asistentes, qué
consumían en el bar, y sucesión de detalles que el interesado en la historia
del género podrá formarse idea acabada del multifacético fenómeno llamado
tango a poco de nacer.
Es en lo anterior donde puede estallar la polémica: Surgen
registros del tango danzado en documentos inimaginables, de precursores y
creadores que la memoria popular no ha tenido la constancia de preservar y que
sólo el historiador atento pudo organizar sus pasos, del hallarle
importancia.
Sin embargo la dirección del discurso es otro, y no lo ocultan: El tango
es una manifestación cultural y por lo tanto pública, lo cual va a
desembocar en probar que haya tenido alguna
vez una etapa prohibida. Se valen de un pormenorizado
análisis documental sobre academias, prostíbulos, piringundines, bailes
públicos, teatros, cafés, etc., en cinematográfica sucesión de
textos contemporáneos y de situaciones, concurrentes,
de polémicas registradas, entonces, en teorías de
la época, de sus prejuicios, en pintura de personajes, etc. etc. que
son el entorno del
tango.
En la sucesión de pesquisas nos
enteran que en 1903 los diaros publicaban avisos de la afamada casa
Breyer de tangos; de ser aristócratas algunos de sus autores,
tales Miguel Torquinst o Elolsa D'Ervil de Silva, de quienes trazan rasgos
biográficos documentales. No faltan estrellas de época que han trascendido sus
nombres, tal el caso de Linda Thelma, sobre la cual por ejemplo, no hay
biografías ciertas hasta ésta; un Gardel de la primera época tampoco ha de
estar ausente. Han de terciar en la controversia habida si "Mi noche
triste" fue el primer tango argumental, si es plagio musical y si fue su
aparición una bisagra entre un antes y un después, entre los tantos asuntos no
menos inquietantes.
HÉCTOR L. LUCCI
Artículo
publicado en la Revista CLUB DE TANGO Nro.41 Marzo-Abril
2000
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