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Aproximación a Tinta Roja

(Tango de Sebastián Piana y Cátulo Castillo)

Yoli Fidanza


Paredón
tinta roja en el gris del ayer...
 

El ayer tiene ese color... Seres y cosas del pasado confundidas en la niebla del tiempo, casi perdidas, hasta que algo sucede, una nostalgia, una voz, una presencia atraen al recuerdo y el pasado se sitúa frente a la mirada interior en una escenografía intemporal e ilusoria. Los sentimientos envueltos en una atmósfera gris se iluminan con el color de la vida.

y tu emoción
de ladrillo feliz
con un borrón
pintó la esquina.
 

La TINTA ROJA tiñe el callejón y vuelve a vivir los seres del pasado, el botón 

que en el ancho de la noche
puso el filo de la ronda
como un broche...

y el itálico inmigrante que apura el bon vin mientras llora su rubio amor lejano. 
Cátulo Castillo pone en boca del protagonista de su tango, todo el dolor de la añoranza, todas las preguntas comunes al hombre, la infancia perdida, los sueños, la identidad que un barrio presta: 

¿Dónde estará mi arrabal?
¿Quién se robó mi niñez?

Es angustia el tiempo dónde quedó atrapada la inocencia, es angustia existencial y es búsqueda del sentido de la vida: 

¿En que rincón luna mía
buscás como entonces
tu clara alegría?

El hombre ha olvidado la alegría, centrado ahora en la contemplación del lado oscuro de la diosa blanca, sumergido en la nostalgia, crea la poesía del tango; el pasado se hace "sustancia presente; por lo mágico y delirante de su sustancia poética, el presente se hace intemporal"* 

Bajo tu cielo de raso
trasnocha un pedazo
de mi corazón.
 

Duele el trasnochado corazón, se oscurecen las manchas del tiempo, se ahondan las fisuras del olvido y en el evocado paredón el ladrillo deja de ser feliz, y es sangre a borbotones:

de mi sangre infinita
que vertí en el malvón
de aquel balcón
que la escondía.
 

Me atrevo a pensar que el protagonista del tango es igual al personaje de Proust; Marcel que anda en busca del tiempo perdido tras el recuerdo de la muchacha en flor. Ella no se llamará Albertina, sino Malena y el no perseguirá su sombra por las playas de Balbec ni por los salones de la aristocracia, lo hará por las calles borgeanas de Buenos Aires, por las esquinas del barrio o por los cafés del centro. La búsqueda será la misma; volver al sentimiento de lo que ya es pasado, de lo que se hace presente, el tiempo recuperado fijado en la poesia cargada de añoranza. Búsqueda obsesiva realizada por "extraños maniacos de la decepción o por lúcidos delirantes, sabihondos, suicidas, metafísicos de la traición y místicos de una armonía que no pudo ser"*
Como la vida el tango es desaliñado, y en la letra de Cátulo vemos como cambia el paredón del gris al rojo, de la añoranza al borbotón de sangre, confundidas las emociones felices con el dolor de lo que la vida nos dio y nos quitó. Y ya no se sabe o ¿si? 


Ya no sé
si fue el negro de mis penas
o fue el rojo de tus venas
mi sangría.
Por que llegó y se fue
tras el carmín
y el gris... 

"Añorando mundo inexistente donde en la bruma de la memoria grande creíamos ser felices". *
 

Tiempo detenido, apresado en la poesía del tango. Ambiguedad del recuerdo y del olvido, del placer y el dolor, la amada presencia, atrapado el fantasma de la ausencia. Emociones del alma, la TINTA ROJA del paredón, el balcón, todo fatalmente confundido en el color de la melancolía, en el clima de la tristeza.
 

"Tristeza de gatos plañideros que atorranteando por el filo de las paredes de la noche envían su aullido sinestésico como voz admonitoria, advirtiéndonos sobre el indefinido destino del hombre en la tierra"*
 

 


 
 
Artículo publicado en la Revista CLUB DE TANGO Nro.9    mayo  1994


 
 

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