Luís
Alposta
de la Academia Porteña del Lunfardo
Releyendo
el libro El Fantasma de la Opera de Gastón Leroux (Ed. Adrómeda
Bs. As. 1955) reparo en el siguiente párrafo (capítulo 1º, primera
página):
"...El camarín de
la Sorelli era de una elegancia oficial y trivial. Un tocador,
un diván, un espejo de tres cuerpos y unos armarios formaban
el moblaje necesario. Algunos grabados en las paredes, recuerdos
de su madre, que había conocido los bellos días de la antigua
Opera de la calle Le Peltier. Retratos de Vestris, de Gardel,
de Dupont, de Bigottini..."
Considerando que la citada
novela se desarrolla a fines del siglo pasado y que su autor
murió en 1927, encontrar en ella el apellido Gardel me llevó
a consultar el Diccionario Oxford de la Música, de Scholes (Ed.
Edhasa Bs. As. 1984).
Es en él donde me entero
que Maximilian Gardel (1741-1787) fue un gran bailarín de ballet
(no coreógrafo) y una auténtica estrella de la Opera de París
en la que dejó escuela. Una escuela de baile que habría de dar
inicio a la del siglo XIX en Francia.
Reafirmando el concepto
agrego ahora lo extractado del libro "Marie-Antoniette
Dauphine" de la colección "Etudes sur la cour de France"
de Pierre de Nolhac (Ed. Calmann-Levy Paris 1924) en el que
se lo menciona dos veces como uno de los bailarines más destacados
que actuaron en la ópera Perse, un espectáculo desafortunado
durante los festejos de la boda de María Antonieta y el Delfín
Luis (pág. 113); y como maestro de danza de la pareja tiempo
después, cuando María Antonieta logra transmitir-le a su esposo
un gusto bastante inesperado por la danza y lo elige a Gardel
entre los demás artistas (pag. 217).
En síntesis: francés
y bailarín. Un Gardel en lo suyo.
Artículo
publicado en la Revista CLUB DE TANGO Nro. 16 Octubre-Noviembre-Diciembre
1995 |