(De un artículo
de María Esther Vazquez publicado en el diario "La Nación 22
de diciembre de 1985)
En el mismo
la autora hace una semblanza de Edouard Maunick poeta nacido en la
isla Mauricio (Estado de Africa Oriental) que entre otras cosas anuncia
que está escribiendo un libro que se titulará "Tango" ya
que él está familiarizado con nuestra música desde chico y explica:
"Nosotros fuimos varios hermanos y hermanas. Una mañana, Teresa,
una de las mayores, se enfermó con fiebre alta y los médicos no respondían
por su vida. Día tras día se consumía. Mi abuela, que la quería muchísimo,
le compraba todo lo que pensaba podría gustarle y se lo traía.
Teresa aceptaba los regalos pero ellos no contribuian no ya a mejorarla
sino ni siquiera a alegrarla. Un día desesperada, mi abuela le compró
a un vecino una vieja victrola y su colección de discos y se la llevó.
Teresa, debilmente, empezó a girar la manivela y toda la casa se llenó
con la voz de Gardel, porque todos los discos eran de Gardel. Mañana,
tarde y noche se lo oía cantarle a Teresa que, poco a poco, fue abandonada
por la fiebre, fue mejorando lentamente y, por último, se curó.
Lo interrumpo:
-Pero, ¿usted cree que Gardel la curó?
-¡Ah, sí! Su voz arrastró lejos la enfermedad y la muerte"