Amurado

Desde aquella "Noche triste" la de "Percanta que me amuraste en lo mejor de mi vida" el hombre quedó signado por el abandono de la mujer.

La mina, por ese entonces, si bien era maltratada y explotada por el hombre, tenía la ventaja de ser minoría y se podía también dar el lujo de colgarle la galleta al punto, cruzar la calle y encontrar otro gil que la mantenga, de allí que el amure se haya instalado en el tango a punto tal de haber sido calificado como "el lamento del cornudo".

Con el tiempo, la cosecha de mujeres que nunca se acaba, dió como resultado que se llegara a ocho mujeres por cada hombre y entonces empezó la época en que la amurada era la mina.

Hoy es distinto, la naifa a vuelto al amure y más de un macho se encuentra de la noche a la mañana de patitas en la calle.

Y el pobre, para no volver a pasar por tan triste decepción no encuenta otro recurso que unirse en pareja con otro hombre con la esperanza de que los machos sean mas fieles que las minas.

José De Grandis escribió "Amurado" el lamento del pesimista que en vez de saltar y gritar "¡Araca, Victoria, pianté de la noia, se fué mi mujer!, llora como una fémina.

Campaneo mi catrera y la encuentro desolada.
Sólo tengo de recuerdo el cuadrito que está ahí,
pilchas viejas, unas flores y mi alma atormentada...
Eso es todo lo que queda desde que se fue de aquí.

Una tarde más tristona que la pena que me aqueja
arregló su bagayito y AMURADO me dejó.
No le dije una palabra, ni un reproche, ni una queja...
La miré que se alejaba y pensé: ¡Todo acabo!

¡Si me viera! ¡Estoy tan viejo!
¡Tengo blanca la cabeza!
¿Será acaso la tristeza
de mi negra soledad?

Debe ser, porque me cruzan
tan fuleros berretines
que voy por los cafetines
a buscar felicidad.

Bulincito que conoces mis amargas desventuras,
no te extañe que hable solo. ¡Que es tan grande mi dolor!
Si me faltan sus caricias, sus consuelos, sus ternuras,
¿qué me quedará a mis años, si mi vida está en su amor?

¡Cuántas noches voy vagando angustiado, silencioso,
recordando mi pasado, con mi amiga la ilusión!...
Voy en cureda...No lo niego que será muy vergonzoso,
¡pero llevo más en curda a mi pobre corazón!

Oscar B. Himschoot
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