Chafe

CHAFE proviene del italiano CIAFFERO, Chafo es el agente de policía, el chaferola, el cana, el vigilante, o simplemente el agente, el botón, sinónimos todos de CHAFE.
 
La palabra ha caido en desuso, ya muy rara vez se escucha o se aplica, pero ha quedado en poesías y tangos, en novelas o cuentos.
Encontramos CHAFE, entre otros, en un poema de Luciano Payet, "El cochero del tranvía"
Soy cochero de tranvía,
soy de "La Gran Nacional"
y dudo si hay otro igual
en toda la compañía.
 
CHAFES, carreros y cocheros,
conocen mi clarinada
qu'es un tango con quebrada,
dormilón y milonguero.
 
Observemos que el poeta cita amablemente la figura del CHAFE o agente de policía, familiaridad muy frecuente por entonces.
 
 
Un poco mas irrespetuosamente trata Orlando Mario Punzi en su poema "Pibe Dios" al CHAFE que nos ocupa, pero además asimila la palabra al centurión en el momento de la crucifixión de Jesucristo.
En esto el lunfa es amplio y simpáticamente irrespetuoso.
Al escribir este poema, Punzi pone de acápite un dicho muy común "Dios es criollo..." que es imprescindible citarlo para interpretar el tratamiento de esta poesía.
 
No vino de Belén: es criollo puro
ni lo trajo Moisés en su canasto.
Vió la luz en un puesto del Abasto
y un día propiamente de laburo.
 
Y hubo mate, y achuras y antipasto.
Y el centurión - un CHAFE peloduro-
hasta lo quiso bautizar de apuro
Con Toro, Peñaflor y Talacasto.
 
Dos gringos, un bacán de cuello duro
y un malevo, corrienron con el gasto
de Navidad del Redentor futuro.
 
Y ante su cuna de cartón y pasto
presidían la fiesta desde el muro
las fotos de Gardel y de Yatasto.
 
 
 
CHAFE se refiere mas específicamente al agente de policía, en cambio la palabra cana, no discriminan grados. Un cana, tanto puede ser un agente como un cabo o un sargento y hasta un oficial y genéricamente se le dice a la policía LA CANA. Ferrari Amores en "Sin Novedades" diferencia al sardo, o sargento de vigilante o CHAFE
 
Tirando el pucho de un chijetaso
armó tranquilo otro cigarriyo,
así, el Carancho, envainó el cuchiyo
y a la percanta la perdonó....
al rato, un sardo, medio dormido,
llegaba haciendo su recorrido,
al tranco lerdo del mancarrón;
y el CHAFE dijo en ese momento:
-no hay novedades hoy, mi sargento-
al despertarse de un sacudón.
 
Estas son algunas de las sutilezas que tiene el lunfardo que a veces no las tiene el idioma castellano académico.

 

 

 

Oscar B. Himschoot
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