CHINGAR significa pifiar,errar, frustrar, no
acertar. Puede buscarse su origen en un galicismo "guingois"
que denotan el defecto de los vestidos que no están bien cortados o
cosidos derechos.
Pero se puede CHINGAR de varias maneras y ya lo
vermos a traves de esta audición.
José Antonio Delgado escribió un soneto con
estrambote titulado "En la playa", allí en el primer
terceto utiliza la palabra cuando dice:
Y ni un cacho así le CHINGO,
qu'el puntacho es chupitegui
y choricero el domingo.
Va de pini a Berazategui
boteyero a carro y pingo
e hinchún del Zorzal y Legui.
En este caso el poeta afirma que no le CHINGA, o
sea que no se equivoca, que no le erra.
En cambio Luis Alposta deja abierta la posibilidad
de un error en el verso en su "Lunfa cheto"
Poesía cachusa que estás de raye,
aunque te CHINGUE el verso no hay quien te calle.
Porque hay en tus entrañas aires lunfardos
en los que flotan todos, chetos y pardos.
Aunque es de persona inteligente aceptar que se le
CHINGO, no siempre es así. Todos los días vemos cada CHINGADA que da
paura, como ser intentar mandar cuatro diputados al mundial de
Francia, o dilatar el pago del medio aguinaldo de los jubilados, citar
a Resistencia como capital Formosa, o tantas CHINGADAS de la que nadie
está exento, pero que pocos reconocen.
Hay quien en la vida le CHINGA y CHINGA, llegan las
oportunidades y él las deja pasar, es su "Destino" como en
el soneto de Orlando Mario Punzi
Y pasaron los trenes de la papa.
Y él fue CHINGANDO todas las manijas
en la estación penúltima del mapa.
Y en un andén -sin poncho y sin valijas-
la muerte lo sirvió como de yapa
canjeándolo por cuatro baratijas.
La vida está llena de aciertos y CHINGADAS y
llorarlas no tiene sentido.
CHINGAR - 2 -
En el futbol también se puede CHINGAR, en este
caso es errarle a la pelota.
Patadura, el tango de Enrique Carrera Sotelo lo
dice muy claramente
CHINGAS a la pelota
CHINGAS en el cariño,
el corazón de Monti
te falta , ché. chambón.
Pateando a la ventura
no se consiguen goles
Con juego y picardías
se altera el marcador.
Nosotros que no sabemos nada de futbol porque somos
de la época de los dribleadores y los malabaristas, de aquellos que
llamábamos cracs porque los veíamos anotar cincuenta goles en un
campeonato o los veíamos divertirse y divertirnos en la cancha,
nosotros, los que tuvimos que resignarnos a ser telivendentes del
futbol, estamos también esperanzados en que los atletas de la
selección, los robots de Pasarella, logren el milagro de salir
campeones. Y mantenemos la esperanza de que Orteguita o el piojo Lopez
se olviden las órdenes del entrenador y nos regalen alguna de
aquellas travesuras que sabían hacer los panzones del 40 y rompan los
esquemas mentales de los gringos, aunque CHINGUEN algún gol.
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